Cómo abordar la muerte y el duelo con los niños

Cuándo decirlo

Lo antes posible.

Los niños perciben enseguida que algo está pasando a su alrededor, que algo no va bien, que los mayores están preocupados o tristes. Si preguntan y lo negamos para ganar tiempo, hacemos que entren en un estado de confusión y que no confíen en su capacidad perceptiva.

Si estamos retrasando el momento porque tememos mostrarle al niño nuestro dolor y no queremos que nos vea desmoronarnos, es importante saber que es sano que se dé cuenta de que la muerte conlleva sentimientos dolorosos, y que tampoco él debe reprimirlos. Si ocultamos nuestros sentimientos hacemos que él también lo haga, que piense que no es bueno o que es de débiles.

Quién debe decirlo

La noticia la debe dar alguien cercano en quien el niño confíe y con quien vaya a seguir teniendo una relación segura (que no lo dice y desaparece, como un médico o un vecino), una persona significativa para el niño y que le proporcione seguridad y confianza para expresar sus emociones sin miedo o bloqueos.

Es importante que no se enteren por terceras personas o comentarios, de ahí que sea importante hacerlo lo antes posible.

Cómo decirlo

Comunicar la noticia con calma, hablándoles de manera suave, en un momento de gran tranquilidad, aunque lloren o lloremos… y poner nombre a sus emociones (rabia, ira, tristeza…) para que las puedan acoger y entender, dejando siempre que se expresen, y sepan que lo que sienten es normal.

No hay que esconder los sentimientos. Los niños pueden manifestar su tristeza en forma de rabia o enfados, por eso es importante hablar con ellos, decirles que les comprendemos, que los adultos también se sienten mal. Si nos escondemos a llorar, pensarán que es algo malo que hay que ocultar y harán lo mismo. Llorar es normal y saludable.

Luto en niños - Colegio Punta Galea

No esconder, camuflar o negar el fallecimiento

Si le decimos se ha marchado de viaje, o que se ha dormido para siempre, le generará miedos al viajar o al irse a la cama. Antes o después descubrirá la verdad y sentirá que se le ha ocultado por ser un tema muy malo, lo que determinará su percepción de la muerte y aumentará sus temores y angustia. Por otro lado, la metáfora del viaje alimenta fantasías de que la persona vuelva.

Aclarar que la muerte es real, definitiva e irreversible.

Los adultos somos modelos

Los niños dependen mucho de los adultos y lo que más les afecta es cómo están sus padres. Los niños se enteran de todo lo que pasa a su alrededor y tienen una doble afectación: lo que ellos viven y lo que perciben de sus padres.

Los niños imitan la conducta de sus padres y si no se inmutan después de una muerte para no entristecer a sus hijos, puede que éstos congelen sus emociones. Por el contrario, si muestran un extremo de dolor o conducta histérica, un hijo puede imitar este comportamiento.

Como los niños no conocen todavía la manera de expresar el dolor de la muerte, buscarán en los adultos alguna indicación

Lo mismo sucede con las creencias religiosas de los padres: si éstos viven la pérdida con dolor pero con entereza, esperanza y confianza en una providencia, los hijos tenderán a asumir e imitar esta forma de vivirlo.

Decirlo con veracidad y gradualidad

Hay que transmitir la falta de un ser querido con veracidad. Se puede hacer de manera progresiva: «como sabes, papá ha estado muy malito y, por eso, ha estado en el hospital muchos días», o «¿Te acuerdas de que Juan se fue de vacaciones a la playa? Pues cuando regresaba con el coche ocurrió un accidente… »

No es conveniente dosificar mucho la información; es decir, hoy le cuento una parte para que se vaya preparando y sepa que algo no va bien, y en unos días le digo que ha fallecido. Esta táctica acarrea dos problemas: por un lado se retrasa el duelo del niño, y por otro, genera desconfianza y miedo a que haya más cosas malas que no les estamos contando.

Prevenir sentimientos de culpa en niños pequeños

Los niños menores de 6 años, al conocer la noticia pueden tener varias reacciones: negarlo, no asimilarlo, miedo, culpabilidad… Si ven a los padres tristes o llorar, hay que explicarles que no es por culpa de los niños, sino porque se echa de menos a la persona que falta, ya que es muy común que los niños se sientan culpables: «cómo empujé a mi hermanito el otro día se ha muerto; como no quise darle un beso al abuelo, se ha muerto…». Hay que dejarles claro que de ninguna manera hubieran podido impedir lo sucedido.

Luto en niños - Colegio Punta Galea

Entender posibles reacciones en niños pequeños

Los padres no deben extrañarse si un niño de hasta 6 años lo escucha e inmediatamente después dice: «vale, ¿podemos ir al patio a jugar al fútbol?». No es que sean insensibles, es que no saben cómo manifestar sus sentimientos y necesitan un espacio y tiempo para asimilarlo. En muchos casos, se ponen a jugar porque necesitan relajar la carga emocional que están sintiendo. Es frecuente que representen lo que ha pasado a través del juego como una forma de asimilarlo. El juego es la manera con la que los niños de esta edad entienden la realidad, y con la muerte pasa lo mismo: necesitan entenderla y representarla.

Entre los 6 y 9 años, puede ser habitual que estén semanas o meses en los que parece que no les ha afectado y después entrar en un periodo en el que lloran porque añoran a la persona fallecida. Tampoco es extraño que asalten a sus padres con preguntas como «¿hace frío en la tumba?», «¿hay que llevarle comida?», «si se ha ido al cielo, ¿por qué está enterrado bajo de la tierra?». Cada uno, y en función de sus creencias religiosas o no, debe estar preparado para ofrecer unas respuestas acordes con su cultura.

Posibles regresiones

En niños de hasta 6 años pueden aparecer actitudes regresivas, es decir, que vuelvan a etapas del desarrollo anteriores donde se sienten más seguros. Pueden volver a hacerse pis en la cama o a tener miedos. No hay que preocuparse porque es una etapa que pasará.

No alterar las rutinas de los niños

Les dan seguridad y estabilidad emocional.

Luto en niños - Colegio Punta Galea

La muerte es natural y universal

No debemos olvidar que la muerte es algo natural que nos ocurrirá a todos, y por tanto debemos tratarlo de tal modo aunque nos asuste. Tenemos que intentar educar a nuestros niños desde pequeños con este tema, mediante cuentos, muertes que se dan diariamente en la naturaleza (insectos, plantas, flores…), hablarles de los antepasados de la familia y de su muerte, muertes de mascotas, etc. Así evitaremos tanto miedo y confusión, y seguramente forjaremos un mejor proceso de duelo cuando se dé la ocasión.

Preparar a los niños al duelo

Las muertes que se pueden ‘preparar’ o prever de alguna manera ofrecen una buena oportunidad para ayudar al niño a preparar el duelo, aunque a menudo se aparta al niño del proceso de la enfermedad y se le roba la oportunidad de despedirse.

A partir de cierta edad es bueno que puedan acceder al hospital a despedirse de su ser querido, para que se preparen para lo que van a vivir. Tenemos que estar atentos a sus reacciones, pero el duelo es más fácil en un niño preparado.

¿Deben asistir al velatorio, funeral o entierro?

Es una decisión que debe tomar cada familia en función de la edad y personalidad del niño, y de las creencias religiosas de la familia.

Es importante que si quiere ir, se lo permitamos, pero que sea siempre por voluntad propia, nunca obligándole, y anticiparle lo que allí se va a encontrar: personas muy tristes, vestidas de oscuro, una caja de madera, velas, flores, el cuerpo del difunto pálido y frío… para que esté preparado y tenga sensación de control.

En el caso de que no quiera ir no hay que darle mayor importancia pero es importantísimo que viva un ritual de despedida que puede consistir en que escriba una carta despidiéndose, que encienda unas velas en un lugar simbólico, o cualquier otra fórmula de manera que le ayude a percibir que se cierra un ciclo, y no se quede abierto dificultando el duelo.

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