Continuamos nuestro anterior post sobre las mentiras en los niños, centrándonos en la parte práctica, para saber cómo actuar en estos casos.

Las pseudomentiras forman parte del desarrollo del niño. A medida que crece, lo hace también su capacidad para percibir y relatar los hechos con objetividad. Esto, que a nosotros adultos nos parece tan sencillo, implica y pone en juego toda una serie de procesos cognitivos muy complejos que en el niño son aún inmaduros y están en pleno proceso de desarrollo.

Para que el niño vaya desarrollando esta objetividad, necesita de sus padres.

Cada relato del niño es una oportunidad para, eliminando cualquier carga de intencionalidad y culpa, ayudarle a:

– Darse cuenta de que sin querer están contando algo que no es del todo cierto.

– Asumir que a veces todos podemos no ser objetivos sin darnos cuenta.

– Diferenciar realidad de deseo, realidad de ficción, verdad de mentira. Jugar a “decir verdades y mentiras” es una buena manera de que los más pequeños vayan aprendiendo a diferenciar entre ambas.

– Reflexionar para reelaborar el relato hacia uno más acorde a la verdad de los hechos.

– Aprender a tener en cuenta los diferentes puntos de vista de las personas implicadas.

– Ir asimilando el valor de la verdad y su importancia en las relaciones basadas en la confianza.

Es importante asimismo tener en cuenta que el hecho de que el niño obtenga un beneficio con su relato “distorsionado” no significa que haya tenido voluntad de engañar. Como hemos visto, las pseudomentiras también aportan un beneficio a quien las dice (tienen una motivación), pero el niño cree a pies juntillas lo que dice, por tanto no está mintiendo conscientemente.

Cómo trabajar las mentiras en los niños

Como hemos dicho, hablamos de mentira cuando un niño engaña a sabiendas de que lo que dice no se corresponde con la realidad, y con la intención de embaucar a otra persona.

Casi todos los niños experimentan con la mentira alguna vez. Necesitan comprenderla, medir sus límites y consecuencias, aprender lo que implica, que pasa si miento, comprobar hasta dónde pueden llegar….

Esto es normal, y forma parte del aprendizaje moral y del desarrollo cognitivo sano. No debemos alarmarnos. Pero eso no significa que no hagamos nada.

Las mentiras son una gran oportunidad educativa que los padres pueden aprovechar para crear confianza, favorecer la sinceridad, enseñarles a diferenciar la fantasía de la realidad, asumir responsabilidades y transmitirles valores.

Si descubrimos que nuestro hijo nos está mintiendo, lo primero es respirar hondo y mantener la calma. Hay que hacer un esfuerzo por no tomarse la mentira como algo personal, y saber separar el dolor que nos causa, de lo que debemos hacer como padres.

Ante una mentira hemos de actuar en dos sentidos, moral y educativo.

Mentiras en niños - Colegio Punta Galea

Desde el punto de vista Moral:

Como padres debemos transmitir siempre a nuestros hijos el valor absoluto de la verdad, y que la mentira atenta contra ella y, en consecuencia, contra los demás.

Hemos de incidir en que la mentira siempre va a tener consecuencias negativas, aunque aparentemente nos reporte algún beneficio inmediato. Y explicarle a nuestro hijo que el principal perjuicio es para él: la pérdida de la credibilidad personal y de la confianza de los demás, sobre las que se basan todas las relaciones humanas. Es importante transmitir a todas las edades los valores de la honestidad y la sinceridad, y de la valentía que a menudo conllevan.

En este sentido los padres no deben sentirse culpables por no volver a depositar inmediatamente confianza en su hijo de nuevo. Es importante que él experimente que al haberla perdido, debe volver a ganársela. Y que eso lleva un tiempo. Que la confianza es algo importante y que no se puede jugar con ella alegremente.

Cuentos sobre la verdad y la mentira para niños: Hasta los 7 años, el cuento “El pastor mentiroso“ es un buen instrumento para enseñarles las consecuencias de mentir.

Pero la clave en el aspecto moral de la mentira está en lo que los hijos observan en nosotros, sus padres. Si nosotros no somos ejemplos convincentes de lo que decimos, nada de lo que hagamos funcionará.

Cómo corregir las mentiras en los niños: Si utilizamos la mentira el niño quedará desconcertado. Si mentimos, nuestro hijo lo descubrirá y no tendremos argumentos para corregirle.

Si, por ejemplo, suena nuestro teléfono y le damos el teléfono a alguien a nuestro lado diciéndole: “dile que no estoy”, y el niño lo presencia, le estamos enseñando que la mentira es relativa, que depende, que no es tan mala, y que es una buena opción para eludir problemas o situaciones incómodas. El niño lo aprenderá sin duda.

También aprenderá algo terrible: que sus padres no siempre dicen la verdad. Esto tiene consecuencias irreparables ya que desaparece para siempre la confianza ciega del hijo en sus padres e introduce la duda y la desconfianza en la relación.

A veces los padres mienten con buena intención para conseguir algo de sus hijos, no herir sus sentimientos, mantener su privacidad, porque creen que no están preparados para asimilar ciertas verdades, protegerlos de la realidad o porque no saben cómo contar ciertas cosas. Como norma educativa esto no ayuda a desarrollar la honestidad y rompe la confianza en los adultos.

En los momentos difíciles tendemos a sobreproteger a los niños y les mentimos. En estos casos es imprescindible decir la verdad adaptada a su edad y capacidad, poner palabras a la muerte, la enfermedad, las separaciones y las catástrofes. Los niños necesitan asimilar la realidad, despedirse y hacer sus propios duelos. Nunca hay que mentir a los niños en asuntos importantes.

También es muy importante distinguir la persona que miente de la mentira. Decir una mentira no nos convierte en mentirosos. Llamar al hijo mentiroso, insinuar que lo es o ridiculizarlo públicamente, le atribuye una característica que en su mente pasa a pertenecerle y definirle.

Le etiqueta como mentiroso. Y el niño lo asume, afectando a su autoestima y dando al error un carácter permanente que dificulta e incluso impide cambiar, ya que genera unas expectativas negativas sobre el niño. Es preferible decirle al niño que ha mentido, pero que está en su mano no volver a hacerlo.

En este sentido es importante decirle que le queremos aunque estemos tristes porque nos ha mentido. Esto le ayudará a desarrollar la conciencia y a lamentar el comportamiento de la mentira.

Lucía Olivera García

Orientadora/psicóloga

Col. nº M-31640

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