Casi todos los niños mienten alguna vez. Algunos lo hacen con más frecuencia y esto preocupa a sus padres y educadores.

Mentiras y pseudomentiras

Establecer esta distinción es muy importante, ya que en muchas ocasiones lo que los padres identifican como una mentira, no lo es, y del tipo de conducta dependen su gravedad y la intervención que debemos realizar para corregirla.

Hasta la adolescencia, es muy importante tener en cuenta que en muchas ocasiones no podemos hablar de verdaderas mentiras, ya que falta en el niño la conciencia de estar refiriendo algo que no se corresponde con la realidad. Muchas veces los padres interpretan como mentiras relatos de su hijo que son fruto de una interpretación infantil, y por tanto incompleta y sesgada, de la realidad. Pero el punto importante es que el niño no es consciente por sí mismo de estar faltando a la verdad. Está completamente convencido de que las cosas fueron así. En este caso hablamos de pseudomentiras.

Para que una mentira sea tal, deben cumplirse dos condiciones:

1ª) Conciencia de estar refiriendo algo que no corresponde a la realidad.

2ª) Voluntad de engañar al otro para obtener un beneficio o evitar un daño.

La mentira puede aparecer en edades tempranas, pero es mejor ser prudentes a la hora de atribuir una intencionalidad plenamente consciente de mentir hasta que no estemos completamente seguros, ya que esto implica la voluntad de hacer un mal a otra persona, y supone un salto cualitativo en la forma de afrontarlo que puede ser perjudicial en el caso de que el niño no sea plenamente consciente de lo que hace. Es mejor darle el beneficio de la duda, que atribuirle una culpa que no tiene. Por tanto, si no estamos seguros de que se trata de una mentira, la consideraremos pseudomentira y en ambos casos actuaremos en consecuencia.

Mentiras en niños - Colegio Punta Galea

Sobre qué mienten

La naturaleza de las mentiras depende de la edad. También según la edad, esa mentira será más o menos sofisticada. En ocasiones la mentira sirve para no herir los sentimientos de alguien, otras veces para protegerse de posibles consecuencias negativas por algo que se ha hecho o dicho.

Hasta los 6 años les cuesta distinguir entre realidad y fantasía, lo que les lleva a decir mentiras del tipo “mañana es mi cumpleaños”. En otros casos a negar lo evidente: acaban de pintar la pared o romper algo y cuando los padres les preguntan al pillarles “con las manos en la masa”, lo niegan.

Es a partir de los seis años cuando los niños empiezan a conocer la diferencia entre el bien y el mal y necesitan que les orientes para no mentir.

Cuando son más mayores, pueden mentir sobre hechos que han ocurrido en el colegio o en casa: decir que “no tienen deberes o nada que estudiar“, o decir que no pudieron preparar el examen porque estuvieron enfermos, cuando en realidad no fue así. Los casos más graves consisten en culpar a otros, calumniar, dar falso testimonio o la mentira patológica. Estos casos son poco frecuentes y requieren de intervención clínica.

Por qué los niños dicen mentiras

Independientemente de que se trate de mentira o pseudomentira, cuando un niño miente, siempre lo hace por una razón. Esta razón, lejos de justificar la mentira, es importante porque nos ayuda a entender por qué lo está haciendo y poder ayudarle a encontrar otras soluciones para resolver situaciones incómodas.

De 3 a 4 años

Los niños más pequeños, 3 o 4 años, confunden el deseo con la realidad, por eso hacen afirmaciones que no corresponden a la realidad sino que son la expresión de deseos: “mi padre me va a comprar una bici mañana“. Hasta los cuatro años, con sus historietas sorprendentes, quieren narrarnos su mundo de fantasía. Somos la pantalla en la que proyectar su película.

A partir de los 4 años

A partir de los 4 años, aproximadamente, la mentira es utilizada como forma de agradar a los adultos de referencia (familia y educadores) o como forma de no enfadarlos. Por eso mienten aunque les pillen in fraganti. También como mecanismo de defensa o de evitación de situaciones: normalmente evitar un castigo, disimular ignorancia, eludir una responsabilidad, conseguir algo o parecer mejor. Esta es la causa más frecuente de la mentira.

Pero recordemos que casi siempre se tratará de pseudomentiras pues a estas edades no hay una plena conciencia de la realidad.

Lucía Olivera García

Orientadora/psicóloga

Col. nº M-31640

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